En el principio, Dios creo al hombre. El ciudadano se hizo a sí mismo.
Se supone que los partidos políticos son el medio de expresión de las necesidades, aspiraciones e ideales de la ciudadanía, así como el medio institucional para acceder al poder. Lo cierto es que en nuestros días, en nuestro México, los partidos ya no representan a la nación sino a grupos de poder que se han apropiado de las estructuras de poder.
Como no existe otro medio institucional de acceso al poder en México más que los partidos políticos, muchos de quienes no están conformes con el régimen y con la situación actual de las cosas se irán o se han ido hacia los canales informales, llámese guerrilla, narcotráfico, crimen organizado, etc., se han mudado o se mudarán de país si están en posibilidades de hacerlo, o bien, esperan o esperarán pacientemente hasta que se abra otra oportunidad.
Esa otra oportunidad se llama ciudadanía y se compone de hombres y mujeres que reflexionan sobre los fundamentos del Estado, sobre la problemática del país y del mundo, e implementan soluciones prácticas en su vida para transformar su entorno.
Pero por mucho que busquemos, hoy casi no vemos a ciudadanos. Eso explica porque nuestro gobierno no les representa.
Lo que identifica a un ciudadano es que tiene una perspectiva más amplia que el humano común; se preocupa por su propio bienestar pero sólo en la medida en que esto le sirve para poder brindarse en servicio a los demás. Es una persona que es sensible a las necesidades de su entorno, y por ende, es consciente de sí mismo y de su sociedad. Es, en suma, una persona que entiende su rol en la sociedad.
Recordemos que la soberanía de nuestro país, de acuerdo a la Constitución Política, la cual no hace sino reconocer una realidad dentro del Estado Nación, reside escencialmente en el pueblo, en el ciudadano.
En el principio, Dios creo al hombre, pero fue el hombre quien se hizo ciudadano a sí mismo. No existe otro camino. (Nadie puede otorgar la ciudadanía, por lo menos no la real, quizás sólo la simbólica).
Así que después de unos cuantos experimentos, los ciudadanos se agruparon en grupos que se reunían en tabernas.
Los grupos que se reunieron en las tabernas crearon unas cosas que se llamaban logias, y estas logias servían para agrupar ciudadanos y crear nuevos ciudadanos.
Las logias se convirtieron en mecanismos organizados de gobierno, y fueron el canal institucional para acceder al poder.
Cuando el poder requirió más personas, el poder creó las logias, y las logias creadas ya no crearon más ciudadanos. Porque los ladrillos no construyen a los arquitectos, ni de la materia nace el pensamiento.
Es tiempo de volver a ser ciudadanos.
G
sábado, 31 de octubre de 2009
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Kiubo sres. A ver, pues mi primer comentario del blog, a ver si presionamos para que mas gente le entre no? Esto lo veo muy apagado.
ResponderEliminarCon relación al texto "ciudadanía" de G.,
Romántica idea de que "En el principio, Dios creó al hombre. El ciudadano se hizo a si mismo", pero no estoy de acuerdo en la definición, ya que para ser ciudadano, se requiere no solamente de un "individuo", sino de una SOCIEDAD, y de un algo llamado "política" (precisamente, lo referente a esa sociedad).
El ciudadano depende de estos requisitos previos fundamentales. A lo que voy es: La ciudadanía es colectiva, no individual. Los "taberneros" de los que nos hablaba G., pues me parece que se reunían no por querer "ser o hacerse" ciudadanos, sino para hacerse INDIVIDUOS.
En resumen: La ciudadanía "real", a la que nos refiere G, si puede ser un acto consciente del individuo, pero este no puede "hacerse a si mismo" un ciudadano, porque depende no de la individualidad, sino de la sociedad, QUE LO RECONOZCA COMO TAL.
El ciudadano debe fijar la vista AFUERA, para poder "ser ciudadano".
El ciudadano, como el "tabernero", tiene sus deberes y obligaciones, pero los del primero buscan per se la "correcta" conducta exterior, mientras que los deberes y obligaciones del segundo, se enfocan mas en la conducta interna.
En todo caso, "Se es primero tabernero, y luego ciudadano" no creen? jaja. Pero esto nos lleva a una paradoja: Cómo ser un tabernero, si no hay ya no tabernas, sino ciudades? jaja.
M.